Carlos Meléndez Chaverri
Historiador Herediano
Nace en Heredia en junio de 1926. Se graduó bachiller en la Escuela Normal de
Costa Rica en 1946. Obtuvo la licenciatura en Letras y Filosofía con
especialidad en Historia y Geografía en 1952. Laboró primero en la Escuela
Normal (luego Liceo de Heredia) entre 1948 y 1953. Fue Director y fundador del
Liceo Nocturno Lic. Alfredo González F. de Heredia entre 1953 y 1960 y Jefe de
la Sección de Antropología e Historia del Museo Nacional de Costa Rica entre
1953 y 1960. Comenzó a ser profesor en la Universidad de Costa Rica a partir de
1958 y en 1960 pasó a ser profesor a tiempo completo. Fue Director del
Departamento de Historia y Geografía (hoy Escuela de la Facultad de Ciencias
Sociales) de la Universidad de Costa Rica entre 196 y 1969. Su rango mayor fue
el de Catedrático. Laboró allí hasta 1986 en que se pensionó. Es hoy Profesor
Emérito de la misma Escuela.
En 1985 y 1986 fue Embajador de Costa Rica ante el Gobierno de España y ante la
Santa Sede.
En 1965 realizó investigaciones históricas en la ciudad de Guatemala, con un
subsidio de la OEA y en 1973 residió en España como becado de la John Simon
Guggenheim Foundation, para realizar investigaciones en los Archivos de Indias
de Sevilla, Histórico Nacional y Academia de la Historia en Madrid.
Es autor de más de veintiséis obras de carácter histórico, acerca de Costa Rica
y Centroamérica y otro tanto de obras de carácter documental. Entre ellos están:
Juan Vázquez de Coronado, Hernández de Córdoba, capitán de conquista en
Nicaragua, El negro en Costa Rica, Presbítero José Matías Delgado, Costa Rica:
Tierra y población en la Colonia, Conquistadores y Pobladores de Costa Rica,
Independencia de Centroamérica, Añoranzas de Heredia, Heredia...Historia,
Tradiciones y Vivencias, etc.
Ha recibido tres veces el Premio Aquileo J. Echeverría en la Rama de Historia y
el Premio Lic. Cleto González Viquez que confiere la Academia de Geografía e
Historia de Costa Rica.
Jorge Debravo:
nació el 31 de enero de 1938 en Guayabo de Turrialba, Cartago. Sus padres,
Joaquín Bravo y Cristina Brenes se dedicaban a la agricultura. Fue el mayor y
tuvo cuatro hermanas. Se dice que su madre le enseñó a escribir las letras y su
nombre en hojas de plátano, utilizando para ello un palito. Después de las 2 de
la tarde, luego de ayudar a su padre, atendía una pequeña milpa. Con parte del
dinero que obtuvo de ésta compró su primer libro: un diccionario.
A los 14 años, gracias a una beca, Jorge viaja a Turrialba para terminar la
primaria. Es en este lugar donde comienza a darse a conocer mediante la
publicación de sus poemas en "El Turrialbeño". Una vez que termina el tercer año
comienza a trabajar como empleado en el Seguro Social. Termina el bachillerato
en el colegio nocturno de Naranjo, en 1965.
A los veintiún años conoce a Margarita Salazar. Contrae matrimonio a la semana
siguiente. De este matrimonio nace Lucrecia (1960) y Raimundo (1961). Fue
precisamente a los veintiún años cuando organiza, junto a Laureano Albán, Marcos
Aguilar y otros, el Círculo de Poetas Turrialbeños.
A partir de 1961, gracias a su buen trato con los trabajadores, es ascendido de
puesto y comienza a trabajar como inspector de la Caja del Seguro. Este nuevo
cargo lo pone en contacto con la miseria de muchas familias costarricenses. Es
probable que esta experiencia haya reafirmado la orientación de denuncia y
crítica social característica de su obra.
Como la mayor parte del tiempo era visto leyendo, las personas comenzaron a
llamarlo "el loco". Dentro de sus autores predilectos se encontraban Whitman,
Neruda, Vallejo, Darío, Bécquer. También acostumbraba leer regularmente la
Biblia. La lectura y composición constante bajo la luz de las candelas o
escondido en el campo perjudicaron notoriamente la agudeza de su vista.
El martes 18 de julio del año 2000 Debravo fue declarado Benemérito de las
Letras Patrias por la Comisión de Honores de la Asamblea Legislativa de Costa
Rica. "Su obra tiene gran significado y hoy en día su poesía tiene gran difusión
en otros países, pues la temática que desarrolló, profundizó y plasmó en sus
versos es de carácter universal y tendrá siempre vigencia, pues el hombre, el
amor, el dolor y la solidaridad humana son la esencia y centro vital de su
producción literaria", afirmó dicha comisión.
La noche del 4 de agosto de 1967, a los 29 años cumplidos, mientras conducía su
motocicleta, Jorge Debravo murió al ser atropellado por un conductor en estado
de ebriedad.
notoriamente la agudeza de su vista.
El martes 18 de julio del año 2000 Debravo fue declarado Benemérito de las
Letras Patrias por la Comisión de Honores de la Asamblea Legislativa de Costa
Rica. "Su obra tiene gran significado y hoy en día su poesía tiene gran difusión
en otros países, pues la temática que desarrolló, profundizó y plasmó en sus
versos es de carácter universal y tendrá siempre vigencia, pues el hombre, el
amor, el dolor y la solidaridad humana son la esencia y centro vital de su
producción literaria", afirmó dicha comisión.
La noche del 4 de agosto de 1967, a los 29 años cumplidos, mientras conducía su
motocicleta, Jorge Debravo murió al ser atropellado por un conductor en estado
de ebriedad.
NOTA: Para más detalles sobre la vida de Jorge Debravo CANTOS DE BATALLA sugiere
consultar el prólogo que se incluye en su libro "Antología Mayor" (Editorial
Costa Rica, 1994).
Luis Dobles Segreda
En 1918, Luis Dobles Segreda, publicó "Por el amor de Dios". En él, exalta
lírica y sentimentalmente a cinco personas humildes, menesterosas. Las ganancias
que produjo la primera edición las dedicó a cubrir gastos de la Sociedad San
Vicente de Paul, encargada de la´protección de ancianos vergonzantes. Con ello
dio un ejemplo de amor humano.
Este libro, Por el amor de Dios, es fundamental en la obra literario de Luis
Dobles Segreda. No solamente fue el primero que publicó sino el que marca o
señala caminos para sus futuras obras: Rosa mística, Caña brava, Semana Santa y
Fadrique Gutiérrez. En todos estos libros reconstruye la vida y costumbres de la
sociedad herediana. Allí relampaguean la idea, la emoción, el amor y el dolor.
Por eso se ha dicho que Dobles Segreda es uno de los máximos escritores
constumbristas costarricenses. Sin embargo, no estuvo satisfecho con tal
definición y repuso aclarando: " Me llaman costumbrista; es uun error. Soy un
cultor del tradicionalismo de mi patria. No elogio las costumbres actuales.
Canto lo pasado, la sencillez cristiana de los abuelos"
Reseña del libro Por el amor de Dios
Moreira : Este es un hombre triste. Envejecido en plena juventud, como esas
plantas que crecen bajo los pisos y mueren emblanquecidas, levantando la agonía
de sus hojas en la negrura de la sombra.
Un manso de corazón, pobre de espíritu, de aquellos cuya única esperanza es ver
abrise las puertas de la muerte para acogerse al reino de Dios que les tiene
prometido más allá de la vida.
Manso de corazón, inofensivo para todo y para todos, incoloro, insignificante;
de esos hombres que pasan por la vida como si anduvieran en puntillas, sin meter
el menor ruido.
Sombra que se materializa para el dolor y se desvanece para la alegría. Alma sin
sol, labio sin sonrisa, corazón sin esperanza, este hombre vive la vida sin
saborear un goce, llevando a la espalda, como en costal de ruina, la enfermedad,
la miseria, el hambre y la locura.
Venao :
-¿Rafael Salas Hernández?
-Presente, mi capitán.
-¡Firmes!
-Buenos dieces-
Este es un viejo soldado. Bravucón, casi feroz, chispean en su cara indiada, de
cobre mate, los ojos azules, todavía malignos.
Canosa la pelambre de una barbilla hirsuta que rodea toda la cara y canosa
cabeza desgreñada.
Las cejas matosas se erizan cuando habla, con cierto gesto felino, frunce el
entrecejo y se hunden adentro, humedeciéndose, los ojos inquietos.
Fue un viejo amigo del Presidente Carrillo.
-¿Amigo de don Braulio?
-Sí, yo juí concertao de la casa; munchas veces le lustrié los zapatos.
-¡Habías dicho amigo!
Es que don Braulio era amigo de todos. Bravo como un zorro; cuando se enojaba
había que sortealo, ¡ pero por las buenas!... No había hombre mejor.
Pal día de San Rafel me regalaba siempre una onza y, además, me dejaba franco.
Eso sí que me alvertía:
Si te tomás un trago, Rafel, te zampo al cepo.
Pa don Braulio todo era muy bueno, menos el guaro. Pregúnteselo a su tata, que
comía munchas veces en la casa; elante de don Braulio naide se podía tomar un
trago. Pero ya se murión su tata...¡Y yo lo chinié en mantillas!
-He oido contar que mataste un hombre en el camino de Barba.
-Es cierto y nada me ha dolío más que ese hombre
¿Por qué?
-Por que no se consigue, ni con candela otro hombre más valiente que León
Miranda
Pícale la Gallina
En la paz de esta tarde, entristecida por el invierno, he ido a buscar la paz
del Cementerio. Suelo acercarme hasta mi padre en el silencia magnífico de la
Ciudad Doliente.
Perdida entre las cruces miro una banderita tricolor clavada en el testero de un
montículo.
¡Una banderira tricolor!
Pienso en la tumba de algún soldado a quien hubiesen despedido con la enseña de
la patria.
Me acerco. Ni una cruz, ni una señal que indique nada. Sola, la banderilla
descolorida y rota, ondeando todavía, prendida del pedazo de regla clavado en el
testero del montículo.
Observo el homenaje. Sobre la regla está escrito con lápiz este epitafio:
PICALE LA GALLINA
Pregunto al sepulturero que está cerca, cavando la tierra humedecida
-Si, allí esta la señora Pícale.
El silencio se hace profundo y solo se oye caer un chorrito de gua que canta, al
escaparse de la llave entreabierta en el vecino tubo.
La banderita tricolor no es un homenaje, es la última burla de una mujer a quién
burló siempre la vida.
Picale la Gallina, la llamó la ciudad entera. Diqcen que las aguas del bautismo
la llamaron Jacinta Camacho, pero de eso sólo quedó el Jacinta, se borró el
Camacho por obra y gracia de la confirma que la dejó como Jacinta Pícale.
¿Por qué?
Por cualquier cosa. Porque una vez quiso robar una gallina y fue sorprendida con
el hurto en las manos. Dio una excusa que trataba de castigar al animal porque
la había picado.
El dueño de la prenda era un viejete italiano. ¿Con qué pícale la gallina? Pues
cuidado signora...
¿Verdad?¿Mentira?. Que lo averigue Vargas. La confirma se corrió y en la ciudad
fue Pícale.
Jacinta Camacho era desconocida. Jacinta Pícale, o mejor, Pícale la Gallina, fue
la más popular mujer de la ciudad.
Calachas
Mi yegua trota en la oscuridad, en una oscuridad que pone como boca de lobo toda
la Cuesta de la Piedra.
Suena, en la guijas sueltas, el reventar de sus trancos y vmos los dos abriendo
tamaños ojos para escudriñar la línea del camino que se borra en la noche.
Un silbido largo, repetido, como de quien conduce una recua, me inquieta.
Después me tranquilizo. Voces de arriero siguen tras el silbido.
- Je... Je... Yegua.... Yegua..
Y tras, las voces una partida de bestias. Mi yequa le da alcance. Entre la
sombra distingo bultos negros.
No es una recua, son dos bestias no más.
¿Qué quién es este señor Colás?
Ustedes lo saben, lo único es que ustedes, no lo llaman como yo. Ustedes le
dicen Calachas.
-¡Ah! ¿Ahora sí?
-¡Pues claro!
Apenas llega a San Antonio o a Heredia, que son sus estaciones, todos los
chiquillos lo anuncian:
- Ya viene Calachas
Y las puertas se amotina.
-Traígame dos varas de este encaje, vale a sesenta la vara onde don Juan
Pacheco, pero precure que no esté don Jiorge, porque es el más judio.
-Con mucho gusto, señorita hermosa
- A mii me tre dos barritas de jabón de onde don Amado, del más negrito.
-Bueno, mi alma, del más negrito le traeré, más negrito que sus pecaos.
-Le dice al dautor Zamora que las píldoras no le sirvieron de nada, que le mande
otra medecina pa que arroje.
-Está bien, pero no se meta usté con dautores, porque le comen la plata y no se
lo curan.
¿Quiere que le dé una receta? Dele chicoria con miel de palo y ruda. Con sólo
eso le eca ajuera la calentura.
-Oh Calachas!
-Pus si yo juera dautor...
Y, Dale que le das, se va por el camino el guapo caballero.
Así vive, es el correo particular, el antiguo posta entre San Antonio y Heredia.
Todos los días echa su viaje y va sacando cosas y encargos de la mugrienta
alforja, para volverla a llenar de cosas y encargos.
Alejandro
"Señores miembros de la Honorable Corporación Municipal: Yo Alejandro Chaverri,
mayor de edad, casado y de este vecindario, ante la Honorable Corporación
Municipal, vengo a exponer:
Que soy pobre, de conocida pobreza, de la cual no tengo para qué agregar
atestado alguno, ya que públicamente pido el socorro de las personas
caritativas....!"
¡Cuantas veces he escrito esta solicitud!
Cada trimestre viene el viejillo, tentado las paredes con el bordón, a pedirme
que repita esta solicitud para el Municipio. La hemos hecho más de seis veces y
siempre ha sido vana.
En ella pide este hombre una barbaridad. Algo enteramente fuera de la ley y los
munícipes conocen la ley en todos sus artículos y no se salen de ellos ni una
pizaca.
Expone toda su miseria, todo su desamparo, lo exhibe al desnudo en cada
solicitud, para acabar pidiendo que le eximen de los impuestos municipales que
no puede pagar.
La música ya no era su campo y fue necesario dedicarse a otras cosas. Entró en
la portería de Colegio San Agustín. Dejó el instrumento de cobre por el de paja,
en vez de tocar, barría.
Y años fueron pasando. El Colegio pasó también de mano en mano y se llamó
después "Liceo de Heredia", pero Alejandro, como lapa pegada a la roca, siempre
estuvo allí, barriendo y sacudiendo.
Mudaba todo en torno suyo; un Director se iba otro venía, los alumnos eran
distintos cada año, los profesores cambiaban, el colegio mismo se mudaba de
casa, sólo dos cosas vivían al través de tanto cambio: Alejandro y la Campana.
Colgada ella de alguna vieja viga del techo, siempre era la misma campanita
sonora que llamaba muchachos a la escuela y que luego los invitaba, muerta de
risa, sonaba otra vez.
Y las cosas fueron cambiando, Una vez vinieron muchas gentes importantes de la
Capital y anduvieron toda la casa mirando para un lado y para otro; examinaron
las paredes, tomaban apuntes, hacían rayas en el suelo.
Alejandro no compredía todo esto. Después se lo dijeron
-El Liceo de Heredia se va a morir. ¿Cómo? ¿Cómo? Y se conmovía con la noticia.
-No, pero es pra una resurrección más provechosa. Se tranquilizaba. iban a
fundar en su lugar una Escuela Normal. Vendrían alumnos de todo el país. Sería
aquello diez veces mejor y esos hombre venían a estudiar la manera de ir botando
la antigua casa para construir una nueva, grande y adecuada. Alejandro se ponía
triste con todo esto. Era raro el contraste. Todo el mundo estaba alegre: los
muchachos, los profesores, la ciudad entera se llenaba de júbilo.
Sólo dos personas se ponían tristes con todo esto: Alejandro y la campana.
¡Eran viejos y ya no estarían bien en casa nueva!¡Lo presentían los dos!