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A partir del 17 de octubre, la Galería Dayé ubicada
en Los Yoses, San Pedro, abre sus puertas para
mostrar las obras de la artista costarricense Hannya
Buentemeyer, quien vivió en Alemania por más de
veinte años.
Aunque expuso su trabajo en importantes galerías en
Alemania, sus obras son poco conocidas en nuestro
país. El objetivo de esta exposición es sacar a la
luz la obra pictórica de esta artista quien tiene un
estilo propio, cuyos lienzos golpean la retina de
quien los mira y sin lugar a dudas, dejan una huella
profunda en el alma de cada espectador.
La exposición ¿Alma de ángel? muestra diez óleos de
formato mediano, realizados por esta artista, en su
mayoría entre 1983-84 y dos lienzos más realizados
en el 2009.
En qué radica la singularidad de esta exposición?
Con una figuración que en cierta medida recuerda a
El Bosco, pintor de la Alta Edad Media (1450-1516);
Hannya nos presenta niños que duermen en las calles,
que fuman, se drogan, que sufren con las guerras,
que pasan hambre, se prostituyen, que buscan cómo
sobrevivir en los basureros, producto en parte de la
sociedad que los obliga, explota y utiliza. La
artista los interpreta como los ángeles que deberían
ser, pero no lo son, ambientados en unos paisajes de
fondo, en los que se observan cielos trágicos,
atormentados, realizados con pinceladas fuertes,
agresivas y en modo alguno, apacibles. Son como
torbellinos con los que se quiere enfatizar la
trágica condición humana de estos seres frágiles e
indefensos, víctimas inocentes de la sociedad.
En sus pinturas ella no plasma al ser humano como
dueño de sus propias acciones, y ente responsable de
estas, sino más bien como aquellos seres que son
utilizados por otros.
A la par de los niños; en sus cuadros aparecen unas
figurillas de angelillos, que no son los seres
espirituales, mensajeros de Dios, que presenta la
tradición judeo-cristiana, lo que ya muchos otros
pintores han representado, sino más bien son seres
humanos que se complacen o se hacen los indiferentes
ante el sufrimiento de los demás.
Con un estilo muy personal; Hannya Buentemeyer no
copia a nadie; ni siquiera realiza bocetos previos,
pues sería como copiarse a sí misma, en palabras de
la propia artista. Cada cuadro suyo es diferente al
otro, son piezas únicas que reflejan la personalidad
fuerte de esta mujer que ha sabido combinar la
pintura con los viajes culturales.
Viajera incansable, ha visitado comunidades
indígenas y lugares arqueológicos, desde Suramérica
hasta Canadá; así como Europa y Oriente; retomando
siempre los temas históricos y antropológicos.
Breve relación sobre su vida:
Nació y creció en San José. Estudió en la Escuela
García Flamenco y desde sus años escolares le
gustaba pintar. Sin embargo no fue sino hasta 1981
que se dedicó por completo a la pintura, cuando tomó
algunos cursos con los pintores Alberto Icaza, Marta
Alicia Almeida y Max Rojas, pintura china, curso de
acuarela en Italia. En Alemania asistió a algunas
clases de la Academia de Arte de Braunschweig; sin
embargo, por su forma de ser muy libre, se considera
una pintora autodidacta.
Desde pequeña desarrolló un amor por la naturaleza,
que la ha llevado a pintar flores, especialmente
orquídeas, que fueron sus primeras obras y como
segundo tema los motivos indígenas con estilo propio
además de algunos trabajos relacionados con la
ecología.
Aprendió a leer desde antes de entrar a la escuela,
y desde muy niña se leyó el Antiguo y el Nuevo
Testamento, Los Miserables de Víctor Hugo, y todo lo
que su madre tenía al alcance y que ella
aprovechaba; posteriormente y a temprana edad se
interesó por la mitología griega.
Con una forma de vida muy práctica, esta artista se
lanza a conquistar cada lienzo y a pintar de manera
espontánea los colores e ideas que están en su
cabeza. Su arte es subjetivo y pinta lo que la llena
y le proporciona belleza (caso de las flores) o le
causa interés. Otro tema de su interés es lo que
encuentra como injusticia. No son situaciones que
ella haya vivido sino más bien situaciones del mundo
que fue, es, y será y que quiere dejar plasmadas en
la pintura, como la guerra, el hambre, y el
maltrato, la utilización, en todo el sentido de la
palabra.
Con sus pinturas no pretende que la gente cambie, ni
moralizar, ni criticar la acción de otros. Sus
ángeles no son grotescos; ni gráficos, pues su idea
es despertar, en quien lo sienta y lo quiera,
sentimientos nobles para no hacer daño, ni en
pensamiento, palabra u obra. Reflejar que en la vida
no todo es bello, sino que hay problemas serios que
afectan las vidas de las personas. Sin embargo, cada
vez que pinta un cuadro sobre estas temáticas, los
tiene que dejar reposar un rato, y los tiene que
retomar después.
Actualmente continúa pintando orquídeas y flores
tropicales, así como aspectos ecológicos, con el
mismo estilo fuerte y decidido con el que se muestra
en sus cuadros de ángeles. Sus originales y actuales
orquídeas y la pincelada con la que define los
cielos, la colocan como una pionera en el manejo de
esta técnica, dentro y fuera de nuestro país.
María Elena Masis
Curadora |